Forma parte del sabor propio de un gin tonic o, más bien, de la imprescindible tónica que le da el característico cosquilleo a nuestra copa. Pero ¿qué es exactamente la quinina, ese ingrediente amargo que da personalidad a la tónica? Para un amante del gin tonic, poder disfrutar de él sería imposible de no ser […]

Forma parte del sabor propio de un gin tonic o, más bien, de la imprescindible tónica que le da el característico cosquilleo a nuestra copa. Pero ¿qué es exactamente la quinina, ese ingrediente amargo que da personalidad a la tónica?

Para un amante del gin tonic, poder disfrutar de él sería imposible de no ser por el carácter que le imprime la tónica. Ya hemos visto en otras ocasiones que, sin bien es la identidad de la ginebra lo que diferencia un gin tonic, el tipo de tónica que utilicemos es fundamental para poner en valor los sabores y convertir la copa en una experiencia inolvidable.

Un motivo de sobra para saber qué es la quinina. Ese ingrediente fundamental de la tónica que, lejos de ser accesorio, es tan absolutamente imprescindible que bien puede considerarse el alma de esta bebida carbónica.

Descubramos más de esta singular corteza que cautivó primero al mundo farmacéutico para hacerlo, poco después, al paladar inglés de las colonias británicas.

DIGESTIVO Y ANALGÉSICO, DOS DE LAS VIRTUDES DE LA QUININA

Aunque se habla mucho de la quinina, pocos saben exactamente de qué se trata. Lo cierto es que no deja de tratarse de la corteza de un árbol andino (el Quino), muy popular ya entre las tribus pre colombinas peruanas por sus muchas propiedades curativas.

Considerada popularmente en los pueblos indígenas como «la corteza de las cortezas» (dado que ya conocían sus muchos usos médicos), no tardó mucho tiempo en conquistar también a los primeros pobladores españoles de América Latina. Tanto que, en el siglo XV, quienes volvían del Nuevo Mundo presentaban la quinina como «la maravilla que curaba todas las enfermedades».

Qué es la quinina

Con utilidades para la fiebre, los dolores y remedio contra el paludismo o la malaria; la quinina es una auténtica joya de la naturaleza. Un alcaloide natural blanco y cristalino con un característico sabor amargo que llegaría al mundo de los destilados de la manera más singular de todas: por casualidad. Una casualidad que dio lugar al gin tonic tal y como lo conocemos en esencia.

Gracias a los colones ingleses que vivían en La India en el siglo XVIII la quinina cambiaría su papel medicinal para cobrar un cariz mucho más lúdico. Y no, la inclusión de este ingrediente en las tónicas de la época no respondió a valores médicos sino más bien a una simple cuestión de gusto.

Y es que para los colonos de la época, el sabor de las tónicas locales resultaba demasiado dulce para los gustos del paladar inglés de entonces. Motivo por el que decidieron probar a utilizar ese amargo bebedizo con el que combatían los efectos de la malaria (basado en la quinina) como compañía de su bebida de cabecera: la ginebra.

POR QUÉ SE USA LA QUININA EN LA TÓNICA

Más allá de esta anécdota que sentó las bases de lo que conocemos actualmente como tónica, lo cierto es que la inclusión de la quinina en su fórmula responde también a otros aspectos puramente gastronómicos.

Gin tonic de Brockmans

La quinina no solo otorga a la tónica su característico amargor sino que, además, ayuda a potenciar el sabor propio de esta bebida carbonatada. Este componente natural actúa, por así decir, como aliado perfecto de las burbujas tan propias de la tónica; además de reforzar dos de las propiedades fundamentales de la tónica: su carácter digestivo y depurativo.

Aunque, a día de hoy, algunas tónicas han prescindido de la presencia de la quinina (que ya no se usa de manera natural, sino sintética) lo cierto es que otras han apostado, incluso, por una mayor presencia como manera de reivindicar ese sabor tan singular.

Un sabor sin el que el gin tonic, simplemente, no sería un gin tonic.