Puestas de sol hay muchas, pero pocas son realmente únicas. Y más cuando se trata de ver atardecer en mitad de una ciudad. Quizás porque no es cualquier urbe, ver cómo se escapa el sol en la Ciudad de las Artes y las Ciencias tiene un encanto diferente. Pocas ciudades hay en el mundo que […]

Oceanographic de Valencia

Puestas de sol hay muchas, pero pocas son realmente únicas. Y más cuando se trata de ver atardecer en mitad de una ciudad.

Quizás porque no es cualquier urbe, ver cómo se escapa el sol en la Ciudad de las Artes y las Ciencias tiene un encanto diferente.

Pocas ciudades hay en el mundo que puedan presumir de tanta majestuosidad. Como si de la espina dorsal de un caballero se tratara, la Ciudad de las Artes y las Ciencias se tiende sobre Valencia para recordarnos que, simplemente, hay lugares like no other en el mundo. No sólo porque lleva la firma de Calatrava en cada centímetro cuadrado sino, además, porque es sin duda alguna la creación más espectacular de cuántas han salido del estudio del arquitecto valenciano.

Pasearse por esa curiosa ciudad sin patria ni más inquilinos empadronados que los peces del Oceanográfico supone admirar la belleza de un lugar que desafía aparentemente las leyes de la física y lo convencional. Una apuesta arriesgada por ser diferente, una demostración de que tener personalidad no está reñido con nada.

Y en mitad de ese ecosistema peculiar de agua y cemento blanco, un atardecer permite sensaciones diferentes: sabe a Mediterráneo, huele a genialidad y deja en la garganta el gusto de un recuerdo como ningún otro. Y si, además, se vive con un gintonic en la mano… ¡no hay comparación!

En ser distinto radica la magia. Quizás por eso, en esta Ciudad, el sol se pone de otra manera.