Un lujo para los sentidos, una experiencia para el paladar. Así podría resumirse el encuentro que tuvo lugar anoche en Ornina, uno de los locales de referencia de Barcelona que, más allá de ser simplemente un local cool, supone un auténtico edén en mitad del asfalto. Con aroma a Arabia Saudí -guardando fidelidad a su […]

Maridaje con Brockmans

Un lujo para los sentidos, una experiencia para el paladar.

Así podría resumirse el encuentro que tuvo lugar anoche en Ornina, uno de los locales de referencia de Barcelona que, más allá de ser simplemente un local cool, supone un auténtico edén en mitad del asfalto. Con aroma a Arabia Saudí -guardando fidelidad a su propietaria, una princesa-, Ornina no sólo rinde homenaje a una antigua diosa de la Música -a la que debe su nombre- sino también a una cocina cuidada hasta en el más mínimo detalle.

Quizás, por eso, Brockmans se casó con Ornina durante una noche.

Una noche en la que, además de ser protagonista, Brockmans era la invitada de excepción en una carta maridada creada con mimo para acompañar sus aromas y sabores. Una oportunidad de conocer, bocado a bocado, una ginebra que invita a descubrir sus diferentes personalidades más allá del gintonic perfecto.

Plato a plato, Ornina fue desgranando las caras de Brockmans en una propuesta culinaria única: carpaccio de bacalao con cítricos, para despertar esas notas frescas de naranja de Valencia; pato con reducción de Brockmans acompañado de frutos negros del bosque para reforzar esa personalidad única; y ceviche con cítricos, para potenciar el limón que duerme entre sus botánicos. El último compás lo marcó un cake acompañado con granizado de gintonic de Brockmans. Un dulce final con toques de almendras para acabar de redondear una melodía de sabores like no other.

Y con nocturnidad, tónica y hielo Ornina nos despidió como sólo hacen las diosas: dejando su estela en el paladar como recuerdo.