No, no es secundario: el hielo es, en sí mismo, un ingrediente más de cualquier cóctel. Una razón de peso para conocer cuál es el ideal para cada receta

Hasta hace algunos años, parecía que la presencia del hielo en una copa era puramente funcional. Su objetivo estaba claro: mantener la mezcla fría. Algo que, aspectos prácticos aparte, podía tener incluso una función más. Nos referimos a la capacidad del hielo de dotar a un cóctel de musicalidad. Esa que es auténtica banda sonora de un combinado y que, para muchos, forma parte del ritual de disfrutarlo.

Gracias al auge de la coctelería en la última década, ha quedado ampliamente demostrado que el peso del hielo en un cóctel es infinitamente mayor. Es más: de su calidad depende que una determinada receta sea fiel a sus sabores e, incluso, a sus aromas. Y no solo eso: la importancia de la temperatura del hielo en coctelería tampoco puede dejarse de lado. Los grados de más o de menos también podrán estropearnos la experiencia e, incluso, cambiar la textura de la copa por completo. Suficientes motivos para no menospreciar el hielo creyendo que es, únicamente, agua congelada.

Tan importante como tener claro el decálogo del buen uso del hielo en coctelería es saber, además, qué hielo es el más adecuado para cada tipo de cóctel. La mejor forma de no aventurarse, y poder disfrutar de una receta de coctelería plenamente.

4 TIPOS DE HIELO PARA 4 TIPOS DE CÓCTELES

A menudo, cuando se ahonda en los tipos de hielo para coctelería, suelen surgir dudas sobre cuál se debe usar. Una pregunta lógica ya que, volviendo a lo que decíamos, se suele creer que su única función es enfriar una mezcla. Sin embargo y dado el peso que el hielo tiene como parte de una receta, resulta más sencillo comprender algo que suena prácticamente a alquimia.

Además de todo lo enunciado, el hielo cuenta con otra función: la de unir los ingredientes de un determinado cóctel. Y, dado que no todos los tipos de hielo reaccionan igual en una copa, es de vital importancia que comprendamos cuál debe usarse para cada tipo de receta.

1. Hielo en cubos, el ideal para cócteles que no necesiten coctelera

Y sí: es la forma clásica en la que conocemos el hielo. El de uso popular en buen número de combinados pero, también, en buen número de cócteles. Pero cuidado: hablamos siempre de cócteles que no impliquen mezcla en coctelera. De ser así, tendremos que utilizar dos juegos de hielos: unos para la coctelera y otros para el cóctel. De lo contrario, corremos el riesgo de que aporten demasiada agua a la mezcla.

El cubito de hielo es perfecto para tragos largos que impliquen un cierto tiempo para su consumo. Un cubo de hielo de calidad permanecerá en perfecto estado y mantendrá su temperatura mientras saboreamos cócteles como el gin tonic.

2. Hielo en trozos, el favorito de las bebidas neat

Aunque es una práctica cada vez menos común, hasta hace algunas décadas el hielo estaba presente en las coctelería en forma de plancha. De esta manera y a medida que se elaboraban recetas, eran los propios bartenders quienes desprendían los trozos que necesitaban para sus recetas.

En la actualidad, un sector minoritario de la coctelería ha retomado esta práctica para las bebidas On the Rocks. La razón: su permanencia en la copa y su capacidad de enfriar de manera paulatina. Ideal para quienes quieren saborear un destilado con todos sus matices y sin ningún tipo de artificio.

La importancia de la temperatura en el hielo

3. Hielo frappé, el hielo perfecto para cócteles dulces

El compañero habitual de esos tragos que cuentan con una carga importante de azúcar, algo habitual en los cócteles tropicales. Y la razón es lógica: por su constitución, el hielo frappé enfría rápidamente pero también se deshace a la misma velocidad. Un buen motivo para que no esté presente en tragos más largos, que requieran más tiempo.

Por estas mismas razones, también es el aliado perfecto para enfriar la mezcla de un cóctel en una coctelera. Eso sí: siempre colando la bebida antes de servir, y renovando el hielo en la copa.

4. Hielo fizz, el recomendado para tragos cortos

Es el más pequeño de todos los hielos y fácilmente reconocible: tiene forma de pequeñas esferas. Su reducida constitución hace que se derrita rápidamente, por lo que solo podremos utilizarlo de forma eficiente en cócteles cortos. De esos que se disfrutan en pocos sorbos.