Estamos más que acostumbrados a su presencia en las barras y, sin embargo, poco se sabe de uno de los accesorios imprescindibles de cualquier bartender. Por su importancia y peso, hoy queremos rendir homenaje a la historia de la coctelera. Mucho más que un vaso mezclador, el auténtico artífice de que la coctelería sea lo que es.

Hoy en día no podríamos concebir una barra sin su presencia. Algo que creemos es natural, ya que la coctelería consiste en una mezcla de líquidos e ingredientes. Sin embargo, solo conociendo la historia de la coctelera es como podemos hacernos una idea de lo vital que fue en su momento para el desarrollo de esta disciplina. De hasta qué punto su aparición marcó un antes y un después en la manera de entender esas mezclas capaces de despertar sensaciones.

Remontándonos a los antepasados más lejanos, descubrimos que la historia de la coctelera primitiva se sitúa en América en época precolombina. Un momento datado aproximadamente en el el año 7.000 a.C., y que estaría marcando la pauta de lo que hoy por hoy conocemos como coctelera. Y es que por aquel entonces, los pueblos indígenas americanos ya utilizaban calabazas como cocteleras. La finalidad de entonces era poder realizar mezclas de manera eficaz. Buena prueba de ello dio Hernán Cortés en una de las cartas enviadas al rey Carlos V. Una misiva en la que contaba, sorprendido, cómo Moctezuma bebía cacao de una de esas calabazas. La única manera posible de lograr la textura que el líder exigía: cremosa y espumosa.

Lejos de esta anécdota, la historia de la coctelera cuenta con otro hito señalado en la Antigüedad. Uno que la relacionaría, directamente, con los antepasados más remotos de los destilados. Y es que hay pruebas de su uso como recipiente para la elaboración de bebidas en el Antiguo Egipto. Algo descubierto no solo por los arqueólogos sino que también fue inmortalizado por el pueblo de los faraones. Una civilización que, ya de aquella, se inclinaba hacia el consumo de algo parecido al alcohol.

LA HISTORIA DE LA COCTELERA APLICADA A LA COCTELERÍA

Más allá de estas anécdotas, la historia de la coctelera utilizada para mezclar alcoholes es mucho más actual. Y, si bien es imposible determinar el momento exacto de su nacimiento, sí podemos encontrar algunos indicios de ella en nuestra historia más reciente. Por reciente tenemos que entender la Edad Media. Una época en la que era más que común envenenar el vino para asesinar a un enemigo o contendiente.

Esta habría sido la razón por la que en el siglo XV comenzaría a utilizarse algo similar a las cocteleras actuales. Compuesta por dos vasos metálicos, era posible unirlos para mezclar líquidos y separarlas para beber. El sistema, que comenzó a usarse en las tabernas germanas, buscaba principalmente demostrar a los bebedores que no había ningún añadido en la bebida. Los dos cubiletes metálicos hacían las veces de vaso, por lo que ambas partes bebían exactamente lo mismo.

Historia de la coctelera en la Revolución Industrial

Con el paso de los siglos, la práctica del veneno cayó en desuso. Algo que no sucedió con el germen del actual shaker, que vería encumbrado su uso con motivo del desarrollo de la Revolución Industrial. Sería en esta época en la que la mecanización evolucionó para cambiar por completo el mundo, cuando la historia de la coctelera brillara con luz propia. Un momento fundamentado en las nuevas técnicas de elaboración de destilados, que llegarían a su cumbre en el siglo XIX. Un momento, 1831 para ser exactos, en el que el irlandés Aeneas Coffey ideó lo que hoy conocemos como la columna de destilación.

Una manera de elaborar destilados en menor tiempo y abrir el abanico para la creación de nuevos licores y alcoholes. Un punto de partida para que, de aquella, los antecesores de los actuales bartenders mezclaran bebidas de una manera rudimentaria: uniendo dos copas.

ESTADOS UNIDOS, CLAVE EN LA HISTORIA DE LA COCTELERA

Y, como siempre que se habla de mixología, no puede hablarse de la historia de la coctelera sin hacer mención a esa maravillosa época americana en la que prohibición y creatividad se dieron la mano. A esos años 20 que vivieron los Estados Unidos bajo la prohibición de la Ley Seca. Unos años en los que la mala calidad del alcohol provocó la creación de un buen número de cócteles. La única receta posible para enmascarar las copas en un intento por burlar la ley. También, la única alternativa para disimular la mala calidad del alcohol.

Sería en estos años cuando la coctelera se convirtiera en un accesorio imprescindible. Uno que, además, contó con un interesante desarrollo estético. Ya no era suficiente que cumpliera la tarea para la que se creó. Además, tenía que ser un foco de atención durante la ejecución del bartender. Eran un guiño a la sofisticación que respiraba la atmósfera nocturna de aquella época. Un detalle más de la elaboración. Algo posible gracias a que las cocteleras se transformaron en aviones, faros o zepelines.

Historia de las barmaids en el Día de la Mujer

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Sería entonces cuando la historia de la coctelera viviera uno de sus hitos: el nacimiento de la coctelera estilo Boston. El nombre que todavía hoy recibe la coctelera americana, y cuyo bautizo se debe fundamentalmente a que la fábrica que la ideó estaba en esta ciudad. Auténticas obras de arte que unían el diseño industrial con la genialidad de los profesionales de la barra. Estamos ya en los años 30. En unos años en los que el cine de Hollywood puso en valor la historia de la coctelera, incluyéndola en buena parte de las grandes cintas de la época. Un momento dorado en el que el celuloide decidió rendirle pleitesía al cóctel. Una década imprescindible para que ese accesorio cruzara el Atlántico y llegara, también, a barras españolas tan singulares como Chicote o Boadas.

Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, la historia de la coctelera vivió un parón. Uno procurado por la situación política, que obligaba a utilizar todo el metal existente en el país para la fabricación de armas.

Para volver a ser lo que era, la historia de la coctelera tendría que esperar una década más. Sería en los años 50 cuando las barras norteamericanas retomaran la costumbre de utilizarla. Un uso que conseguiría convertir su presencia en un auténtico imprescindible.

En ese recipiente mágico que, ayer y hoy, es capaz de dar forma a esas recetas con las que los bartenders quieren hacer sentir y soñar.